domingo, 27 de agosto de 2017

Portada y Sinopsis de CCLC3



Sinopsis

Teresa
Compromiso, odio esa palabra y lo que significa, al fin y al cabo, nunca nadie se compromete de verdad.
Siempre les fallaremos a quienes amamos y, jurando que los queremos, terminamos por hacerlos sufrir. Lo he visto una y mil veces, mis amigas más cercanas han sido afortunadas, pero aún queda mucho tiempo, o tal vez soy yo la que no nació para comprometerse, sí, eso es, yo no nací para ello. Vengo de una familia donde comprometerse es una palabra inexistente.  

Siempre le he huido al compromiso, mi vida es un oasis de total libertad… hasta que él llegó a mi vida y quiso comprometerme a él.

Gonzalo
Ella es tan malditamente terca. Si para mi es blanco, para ella es negro. Es casi imposible lograr que acepte la verdad de las cosas: Ella y yo estamos hechos el uno para el otro, por la eternidad. Se lo he dicho, se lo he manifestado, he intentado de todo. En mi corazón y en mi mente está muy claro que ella es la única, que yo soy su príncipe y ella mi… Si tan sólo mi princesa dejará de correr.
Que más da, a donde quiera que ella huya, yo la seguiré; algo que me enseñó mi padre es a luchar por lo que quiero y a no rendirme cuando la lucha se torna difícil, porque las cosas buenas requieren mucho esfuerzo y sacrificio y ella es lo mejor que me ha pasado.


Eso es seguro, eso es muy claro, ella es mía y yo suyo. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Adelanto #2 Vendedora de Amor

Capítulo 1

Gabe
Reviso mi teléfono una vez más y sonrío. La foto de la bebé más hermosa que he visto me sonríe. Es la viva imagen de su madre y sólo por eso estoy seguro que será una rompecorazones al crecer y su padre sufrirá uno que otro paro cardiaco.
De sólo pensar en eso, sonrío. El bastardo de lo merece.
Aunque yo en su lugar me compraría un arma, la más grande y jodida arma del mundo para alejar de su alrededor a cualquier cabrón. Así como él, así como yo.
Paso a la siguiente foto y un doloroso anhelo se asienta en mi corazón. Andy luce increíblemente hermosa sosteniendo la vida que llevó dentro de ella por casi nueve meses. Hace un tiempo hubiera dado cualquier cosa por ser yo el hombre que está a su lado, porque Belén fuera mi hija y el anillo que ella carga en su dedo fuera el mío.
Pero ahora, ahora sólo estoy resignado a ver a la mujer de la que me enamoré ser feliz con el hombre al que ella ama. Luke jodido Marshall.
Maldito cabrón suertudo.
Siempre supe que era una guerra perdida con él, pero eso no detuvo a mi corazón de añorar y enamorarse de Andy. Para él, ella fue lo único que existió después de conocerla hace ya muchos años. Nunca olvidaré el fuego y la determinación en sus ojos, cuando quiso matar a golpes de pañalera a mi compañero el día que nació Santiago.
Se veía hermosa incluso después de horas de labor de parto. Mi admiración por ello sólo creció y dio paso a otro sentimiento a medida que el destino me permitió compartir tiempo con ella. Pero aún con todo ese tiempo y con las veces que intenté ser lo que ella necesitaba. Su corazón simplemente me ignoró y continúo empujando su camino hacia Luke.
Lo nuestro fue causa perdida desde el principio.
Sin embargo, a pesar de saber todo ello, aunque estoy resignado a no poder tenerla nunca, no he podido arraigar de mí todos esos sentimientos que se despiertan cada vez que la veo, escucho y siento.
Siempre la he querido y temo que siempre la querré.
—Deja de atormentarte por una mujer ajena y prepárate. Tenemos un jodido turno de doce horas que cumplir. —Adivinando el siguiente movimiento de Julio, me muevo justo cuando extiende su mano para golpear la parte trasera de mi cabeza—. Muévete, estrellita.
Ruedo los ojos y me levanto del sofá de la sala del apartamento que compartimos. A veces me pregunto que tan buena idea es tener un compañero de habitación, especialmente cuando encuentras sus medias mal olientes en cualquier parte o escuchas los sonidos de sexo que provienen de su habitación. Pero no puedo quejarme por lo segundo, él también ha tenido su dosis de mis “sonidos de amor” o más bien, del de las chisas que traigo a casa.
Júzguenme, sí, estoy enamorado de Andrea, pero soy un hombre de carne y hueso. No puedo ser célibe por una ilusión, una fantasía.
Aunque vivir con Julio tiene sus ventajas, las cuentas corren por la mitad y él siempre mantiene surtida la nevera y la cerveza.
—Espero que no tengamos que atender otra riña por culpa de un vecino ruidoso —suspira Julio, abrochando su pantalón—. Estoy cansado de tener que lidiar con las cosas que nos arrojan cuando pedimos moderación.
—No olvides la mujer que te agarró de tus bolas porque no le permitiste dejabas que golpeara a su vecina.
—Cómo olvidarla —dice y se estremece, no puedo evitar reír—. Creo que mis bolas aún sienten la callosidad de sus dedos. Oh mierda, empezaron a doler, es el efecto de agarre fantasma ¿verdad?
—¿De qué estás hablando?
—Necesitaré una sesión de tratamiento, creo que llamaré a Ingrid. Sí, esa traviesa podría ayudarme con mis dolencias.
—¿Acaso ella y tú no terminaron mal la noche pasada?
Estoy bastante seguro de que Ingrid descubrió a Julio con Diana el miércoles, en una sesión de terapia que implicaba poner ciertas partes de su cuerpo en la boca de ella.
Julio se encoge de hombros y pasa su mano por su corto cabello azabache. —Ninguna puede resistirse a mí.
Resoplo una risa y me preparo para el trabajo. El turno de hoy es bastante largo y no puedo esperar para volver a casa y simplemente quedarme en cama. Estos últimos días no me he sentido muy animado y sé que todo se debe al nacimiento de Belén.
No es que no me alegre el nacimiento de la bebé más hermosa, es el hecho de que Andy sea su madre y yo no sea el padre. Andrea está metida, muy profundo, dentro de mi corazón. Suspirando, me debato entre si dejar la imagen de Andy y Belén como fondo de mi pantalla de móvil y parecer un idiota o no. Decido dejarla, y fantasear un poco sobre llegar a casa y tener a estas dos bellas criaturas esperando por mí.
—Jodidos enfermos de mierda —gruñe Elías, uno de mis compañeros de estación, mientras tira de un hombre que trae en la parte de atrás de su patrulla—. Será mejor que colabores y terminaremos esto rápido, de lo contrario, imbécil, voy a ponerte en la celda de atrás, te haré desnudar y pasaré un chorro de agua helada sobre ti. Enfermo de mierda. —Niego y analizo la apariencia del tipo que trae esposado. Está semisdesnudo y tiene varias contusiones en su rostro y parte de su cuerpo.
—¿Qué sucedió?
—El muy imbécil intentó robarse a una niña de un jardín infantil. —Elías me da esa mirada y entiendo perfectamente lo que el detenido pretendía hacer al robarse a la menor—. La comunidad lo detuvo y por poco lo linchan, afortunadamente llegamos a tiempo. Sin embargo, el estúpido enfermo sigue amenazando con demandar al estado por las heridas que le causaron los civiles.
Tengo que detenerme de aconsejar dejar al tipo en una zanja medio muerto o arrojarlo al rio atado de pies y manos. Los pervertidos como él me dan asco y unas terribles ganas de no hacer cumplir la ley sino más bien de comportarme como una bestia y hacerlos sufrir.
Miro al tipo con todo el odio del mundo y espero que entienda lo suertudo que es porque soy un jodido policía y no un civil a punto de arrancarle su cabeza.
—Lo llevaré para que sea atendido.
Asiento y sonrío ante la perspectiva de este potencial violador en una celda de hombres furiosos que estarán muy molestos al saber por qué razón el nuevo está aquí.
Me dirijo a la oficina de mi comandante para reportarme y esperar que me sea asignada una función. Probablemente me enviará a patrullar o me hará esperar por algún llamado. A medio camino mi teléfono vibra, es un mensaje de Andy, compruebo la hora y veo que estoy quince minutos delante de mi hora, decido revisarlo.
El domingo haremos la fiesta de bienvenida de Belén. Debes venir. Y no me digas que tienes turno, sé que estás libre ese día, se lo dijiste a Erika.
No iba a decirte que no, por supuesto que iré. No puedo negarme a estar rodeado de bebés y mujeres hermosas, empezando por la mamá de la homenajeada.
Gracias por lo que me toca. Deberías traer a Linda.
¿Linda?
¡No puedo creerlo Gabe!, la chica. Me la presentaste el sábado cuando nos cruzamos en la cafetería.
Ah, ya lo recuerdo.
Gabriel Allen. No me digas que es otra de tus “amigas” porque te juro que golpearé tu culo una vez que te vea.
Sabes que puedes golpear mi culo cuando quieras.
*Rodando ojos* no cambies el tema. Deja de sabotearte, Gabe. Permite que una mujer llegue a tu corazón. No puedes estar eternamente solo.
Puedo intentarlo. Pienso para mí. Miro hacia el techo antes de regresar y responder a Andy. Es siempre lo mismo, debo conseguir una novia o algo así. Andy odia a mis “amigas”, daría todo porque las odiara por celos o algo parecido, pero no, las odia porque cree que son mujeres que no podrán convertirse en algo más ya que las he catalogado como revolcones —sus palabras, no mías— y entonces dejan de tener valor alguno para mí.
Si tan sólo comprendiera que para mí no hay nadie como ella, no podré querer a nadie como ella y no estoy dispuesto a comprobar que es así. Ya me he cansado de comparar a cada chica que conozco con Andy y encontrarla deficiente. 
Sólo me divierto mientras llega la indicada.
Mentira. Tú ni siquiera la buscas, no la esperas. Te saboteas, no dejas que nadie entre. ¡Vamos Gabe! Te mereces ser amado.
Casi le envío que quiero me ame ella. Borro la estupidez que escribí y decido evadir como siempre.
Tengo que irme, mi comandante está esperándome. Nos vemos el domingo. Besos a la bebé.
Claro, corre como siempre. Ve a trabajar y cuídate.
PDT: no gastes una fortuna en un regalo para Belén. Ya le has comprado demasiadas cosas y ni que decir del resto de la familia. No tengo idea de dónde poner tanto.
Vale, cuídate tú también y a la bebé.
—Pensé que tendría que salir y quitarte el puto teléfono de las manos. Tenemos que salir, hay un llamado urgente y según información previa, es grave.
Guardo el teléfono y le presto toda mi atención a mi comandante López, que sale de su ofician y viene hacia mí. —¿Homicidio?
Con las estadísticas en nuestra contra y la ola de violencia en su máximo pico, otro homicidio en nuestro distrito y estamos acabados. Somos el sector más violento de la ciudad en estos momentos.  Y no, no me arrepiento de haber pedido traslado a este lado de la ciudad. Tenía que alejarme un poco de ella. Estar aquí me da la oportunidad de verle menos y evitar la tentación de pasar por su casa cada vez que patrullaba. Me queda más lejos de casa, pero no importa. Tengo que proteger mi corazón.
—Intento. La víctima está encerrada en el baño y el atacante está siendo contenido por dos guardias de un hotel. Vamos a terminar esto antes de que sea más grave. Rengifo y Suarez en una patrulla, los Méndez juntos y tú y yo en otra. La ambulancia ya está en camino.
Al llegar al hotel nos sorprendemos al ver que el vestíbulo está tranquilo, miro confundido a mi comandante cuando la recepcionista nos saluda con una sonrisa y la mayor calma del mundo. Nos pide que la sigamos hasta el ascensor del servicio, en el pasillo del tercer piso hay sólo dos guardias del hotel y al que creemos es el posible gerente.
—Gracias por venir tan rápido —dice el hombre calvo y de traje, sudando y viéndose muy alarmado, contrario a la recepcionista y el resto de las pocas personas que nos hemos cruzado—. Ellos están ahí. —Señala la habitación y mi comandante pide explicación de la situación mientras nos ordena que indaguemos—. Al parecer ella trató de robarle y él sólo reaccionó…
Dejo de escuchar la explicación y entro a la habitación. El caos es evidente. Cosas que presumo son de la mujer y estaban en su bolso se encuentran esparcidas por el suelo. Varias botellas, espero que sea así, terminaron estrelladas en el suelo, aunque las gotas de sangre en el suelo no me auguran nada bueno. Veo al hombre sentado en la cama, está desnudo excepto por su bóxer, es retenido por un guardia del hotel que habla en voz baja con él. Suarez y uno de los Méndez, Luis, van hacia él.
Rengifo me hace señas y camino con él hasta la puerta del baño, hacia donde las gotas de sangre señalan.
—Señorita, es la policía ¿se encuentra usted bien? —Ruedo los ojos ante la pregunta de Rengifo. ¿acaso vio la sangre? Es obvio que no está bien.
Un gemido o sollozo se escucha del otro lado y me preocupo. Toco de nueva la puerta y tomo el pomo, dispuesto a abrirla por la fuerza si no me responde.
—¿Puede abrir la puerta, por favor? Necesitamos comprobar que no esté mal herida. —No hay respuesta, miro a Rengifo y asiente—. Señorita, aléjese de la puerta por favor.
Empujo con fuerza, pero intento no abrir estrepitosamente la puerta y así evitar golpear a quien sea que se encuentre dentro. Observo el baño, hay una mancha de sangre de un tamaño considerable en el suelo, junto al lavado, pero no veo a nadie, sigo las gotas de sangre hasta la ducha, está vacía. No encuentro a nadie hasta que me fijo en el jacuzzi.
—¿Señorita? —suavizo mi voz y me acerco lentamente, el pequeño cuerpo desnudo de una mujer se encuentra acurrucado en una de las esquinas del jacuzzi, sus brazos aferrados a sus piernas. Noto que la sangre mana de uno de ellos—. Voy a acercarme para ayudarla.
La mujer se sacude y no levanta su rostro de entre sus rodillas, levanto una mano para pedirle a Rengifo que se detenga. Tomo una de las enormes toallas y me acerco de nuevo, arrodillándome fuera del jacuzzi.
—Necesito verificar que sus heridas no son graves y también asegurarme que reciba atención médica. —No responde, solloza y continúa enroscada—. Por favor —susurro, sintiendo un profundo dolor por verla en ese estado y luchando contra la ira que se arremolina en mi interior. Odio cualquier tipo de violencia contra la mujer. Escenas y casos como esto sacan lo peor de mí.
Por fin levanta su rostro y siento como mi corazón se contrae y luego se detiene por unos segundos. Me quedo estático, hipnotizado y conmovido por unos ojos almendrados cargados de dolor y lágrimas.
—¿Me dejaría ayudarle? —logro decir después de unos segundos de silencio. Su rostro, herido, bañado por las lágrimas y el rímel corrido, se rompe de nuevo y llora—. Voy a revisar tu mano —digo y extiendo mi mano, la chica se encoge en si misma, aprieta sus brazos a su alrededor y trata de alejarse de mí—. No voy a hacerte daño. —Su rostro cae y su cabello rubio oscuro termina por cubrirlo todo. Es entonces que comprendo. Ella está tratando de cubrir su desnudez—. Ven, déjame envolverte en la toalla.
Le muestro la toalla y la toma con su brazo bueno. Hace una mueca y jadea cuando mueve su brazo herido y su cuerpo, tratando de envolver la tela sobre su piel desnuda. Me trago un gruñido de cólera al lograr divisar unos cuantos hematomas en su pequeño cuerpo.
—¿Puedes decirme lo que sucedió? —pido cuando ella extiende su brazo herido para que lo examine. Está cortado, tiene laceraciones en él, deduzco, por la esquirla de vidrió que veo en una de ellas, que el hijo de puta la golpeó con las botellas—. Estás herida así que de debo pedirle a los paramédicos que te atiendan.
Me vuelvo y le hago señas a Rengifo, voy a levantarme para darle espacio a los paramédicos, pero una pequeña mano se aferra a mí cinturón.
—No —susurra—. No lo dejes.
—Todo va a estar bien. —Mis ojos recorren el rostro de la mujer herida frente a mí. Sus ojos me suplican algo, no estoy seguro qué, pero lo único que puedo decir es que algo dentro de mí me grita que proteja a esta mujer y no la deje sola—. Estoy aquí. Yo soy Gabe, el subintendente Gabe. ¿Cuál es tu nombre?
—Sam…
Los paramédicos ingresan seguidos por Rengifo, la chica se calla, me mira y asiento, diciéndole que todo va a estar bien con mi mirada y mi gesto, me alejo lo suficiente para que puedan atenderla, pero no para que ella sienta que no estoy a su lado. La revisan y limpian un poco sus heridas, pero cuando le piden que salga del jacuzzi y los acompañé a la ambulancia, se niega.
—Señorita, tenemos que llevarla a un hospital.
—No, no, no. Él está allí.
—Tranquila, él no te hará daño —musito, acercándome de nuevo.
—No lo conocen —llora—, no lo conocen.
Por fin la convenzo de salir del jacuzzi y dejar que los paramédicos la lleven a la ambulancia, asegurándole que pronto estaré con ella. Necesito hablar con mi comandante y entender qué demonios está pasando aquí.
Veo como mi jefe niega con la cabeza y pasa sus manos por su rostro. —Esto es una mierda —gruñe por lo bajo cuando me acerco a él—. La chica es una… acompañante y el tipo es un empresario reconocido y sobrino del senador Bermúdez. Por supuesto que está casado y es claro que este suceso incómodo no debe salir a la luz.
Empuño mis manos, conteniendo mi furia ante estas injusticias. Odio lo corrupto que puede ser el sistema y sé que mi comandante también lo odia. Pero si no hacemos lo que el niño del político dice, su tío llamará al general, que llamará al coronel del departamento, luego al capitán del distrito y por último a mi comandante.
—¿Qué fue lo que sucedió oficialmente? —Hago énfasis en la última palabra, porque realmente no es lo que sucedió.
—Ella entró a esta habitación y trató de robar al pobre hombre que regresó de una junta de negocios.
—¿Entró a robarlo desnuda? —Trato de no reírme de lo absurdo que suena todo.
—Al parecer, perdió la ropa en el intento de fuga.
—La mujer se ve como una niña —Tomo una respiración profunda y evito mirar hacia el pendejo que se viste a unos cuantos pasos de mí—. Tiene heridas en un brazo y golpes en la mayor parte del cuerpo, por lo que logré ver.
—Los paramédicos la llevarán a la clínica Santa Rosa, ve con Rengifo y asegúrate que ella esté bien. —Suspira y rota su cuello—. Procura que no hablé de lo sucedido con nadie y arregla todo ahí. Voy a lidiar con esto acá.

—Entendido.

Adelanto #1 Vendedora de Amor.

Prólogo

Samanta.
Ocho meses atrás.
—Es tú decisión, Samanta. Yo sólo te estoy dando una solución, lo tomas o lo dejas.
Miro el rostro de Emiliano y luego a la pila de facturas médicas, servicios públicos, comida, créditos…
Suspiro.
¿Qué otra cosa puedo hacer?
El dinero de mi trabajo actual no cubre todos los gastos de mi madre y los míos. No puedo conseguir otro empleo, mamá necesita que la cuiden y pagar por una persona para ello me costaría los salarios de tres empleos. Papá dejó de enviar su cuota hace meses y yo simplemente estoy ahogándome en deudas.
—No sé que debo hacer exactamente —susurro. Mi voz tiembla con el miedo que me corroe.
No puedo creer que esté aceptando hacerlo, pero tiempos desesperados —o mejor dicho, estar endeudada hasta el cuello— requiere de medidas extremas. Además, sólo será por un tiempo. Mientras pueda cuadrar mis ingresos y consiga un mejor empleo. Será sólo unas cuantas noches a la semana.
—Lo mismo que harías con tus novios, Sami. Tienes que actuar y comportarte de tal manera que ellos crean que tú, eres la suya.
—Pero… —me estremezco de sólo pensarlo—, ¿qué hay del sex…
—¿Sexo? —Emiliano se ríe y quiero patearlo—. Sólo imagina que es tu amor platónico y vas a follarlo. Deja que tu mente vuele, que todo lo real no exista y vive tu fantasía. —Se sienta a mi lado, en el feo sillón de mi casa que ha visto mejores días y requiere un lavado extremo, o mejor, jubilarse en el cielo de los muebles—. Déjales creer a ellos que disfrutas lo que te hacen y lo que tú les haces, pero aquí —Golpea suavemente con la yema de su dedo mi frente—, vive la fantasía que quieras.
—Emiliano… sabes que yo sólo, sólo he estado con un chico.
—Lo sé, ese chico es el idiota de mi hermano. Dudo que no hayas aprendido una que otra cosa con él. Además, si necesitas más herramientas  y recursos, siempre existe el porno.
—Dios, creo que voy a vomitar.
—Bien, vomita ahora y no cuando él esté sobre ti. O al revés.
—Es en serio, Emiliano. Esto me puede.
Suspira y aleja un mechón de cabello de mi frente. —¿Vas a seguir contando pesos cada quincena para ver si alcanzas a pagar todo?, ¿Seguirás corriendo de tus acreedores y cobradores?, ¿Qué pasará cuando corten el servicio de energía? ¿Crees que tu mamá se recuperará con esa “dieta” a la que está sometida justo ahora?
Niego a la vez que mis ojos se humedecen por la horrible situación en la que está inmersa mi vida.
—No creo que pueda hacerlo.
—Sí puedes. Ya te lo dije, entrégales tu cuerpo, pero tú, controla tu mente y juega con tu imaginación. Saca tu culo de este agujero de mierda en el que estás viviendo. Si se lo diste gratis a mi hermano y él pateó tu corazón lejos. ¿Por qué no puedes cobrar por tu delicado trasero a personas que están dispuestos a pagar y disfrutar de él?
Mis ojos vuelven a desviarse hacia el montón de papeles que piden pagos inmediatos. Pienso en mi madre, en cómo ha estado viviendo estos últimos meses. Escucho a mi estómago vacío gruñir por comida, miro mi precario apartamento, los horribles y mugrosos muebles. Y pienso en Emiliano, el hombre que creí me amaba y la forma en la que jugó conmigo y luego de obtener lo que quiso y aburrirse, me arrojó cual trapo sucio.
¿Realmente quiero seguir viviendo así?
No.
—Bien, lo haré.




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