sábado, 17 de junio de 2017

Adelanto capítulo 7 "Se Armó Cupido"



Juliana

—No. Estás completamente demente.
Me encojo ante el tono brusco de Gómez el policía o agente como no muy amablemente me dijo que lo identificara y que me salvó dos veces el trasero y acomodo la enorme camisa que me prestaron para cubrir mi cuerpo. Es la primera vez que me arrepiento de no llevar ropa interior.
Hace una hora llegamos a esta casa, pequeña por cierto, de seguridad. En realidad no era lo que esperaba. Por fuera se ve como una casa de una pareja, hay un jardín y flores plantadas, lo que le permite camuflarse entre el resto de las casas del vecindario. Es extraño, jamás pensarías que es una casa del DNIC.
—Iván, tienes que hacerlo. Tu maldita cabeza está en la espera de ser puesta en una bandeja de oro frente a Mario Urrego. —Jiménez fulmina con la mirada a Iván y es tenebroso, pero el susodicho le responde con un gruñido y otra fulminante mirada—. No seas un jodido cabrón, tanta mierda que das por las quejas de los testigos cuando entran al programa y ahora te comportas como uno de ellos.
—Es diferente.
—No, no lo es. Incluso Juliana está más calmada y lo ha aceptado más rápido y fácil que tú.
—He estado en esta jodida investigación por tres años, Alex. No puedo ahora simplemente huir como un cobarde y esconderme en Dios sabe donde.
—Oye, yo no soy cobarde —protesto, pero ninguno de los dos me presta atención.
Suspiro y me dejo caer contra el sofá. Llevan discutiendo desde que entramos a este lugar. Los otros dos hombres que nos acompañan se muestran divertidos por la discusión entre Iván y Jiménez, o Alex, como lo acaba de llamar.
—Vas a entrar en PT y no vamos a discutir más. Tú y Juliana son nuestros testigos ahora. Necesitamos que ambos sigan respirando para cuando tengamos nuestras manos en el cuello de Urrego y toda su jodida organización
—Joder, me pides demasiado. Sabes que vivo para este trabajo, no puedo ir a un lugar remoto y sentarme a esperar por algo de acción.
—Pues te toca. Y ya está dicho, no se discutirá más. —Suspira y revisa su teléfono—. En unos momentos el jefe vendrá para hablar con todos y traerá los documentos para empezar con esto.
Tomo una respiración profunda e ignoro a Iván y su pataleta cuando se sienta frente a mí. Mi mente vaga hacia mis padres y mis amigas, imaginando lo que pueden estar pasando y sintiendo, supongo que a esta hora ya deben saber que “he muerto”. Las lágrimas se acumulan en mis ojos al pensar en el dolor de mis padres, la angustia y desolación que deben sentir en estos momentos. Ellos creen que han perdido a su única hija, y yo tengo que asumir que he perdido a mis padres, que se han ido y, hablar sobre otros que no tengo ni puta idea de quienes son. También está el hecho de que Bonnie  se ha ido, el idiota de Iván tenía razón. Bonnie murió debido a un trauma muy grave en su cabecita.
Un sollozo escapa de mí al pensar en todo eso y gano la atención de todos en la habitación. Iván me mira y suspira.
—Genial, empieza el drama.
—No seas un imbécil —gruñe Jiménez—, la chica tiene todo el derecho de llorar.
—¿Y yo no tengo el derecho de oponerme a esta estúpida idea?
—No. Y será mejor que te calles, Gómez; en este momento yo soy tu superior y puedo mandarte a freír carne.
—Lo que sea —murmura. Me mira y yo le doy una expresión de muerte, antes de sacarle el dedo medio. Su boca se tuerce en una media sonrisa y volteo mi rostro.
Suspiro y seco las pocas lágrimas que derramé, no le daré el gusto a este pendejo de verme débil, voy a esperar a que me dejen sola y me derrumbaré ahí. Sin ojos que juzguen mis reacciones a toda esta locura.

***

—A ver si entiendo —Levanto una de mis manos para callar al hombre frente a mí. Gómez y Jiménez me fulminan con la mirada, pero los ignoro—, ¿está usted diciendo que debo viajar a otra ciudad, cambiar mi nombre, mi identidad; tener un nuevo empleo, una nueva vida y esperar ahí hasta que ustedes atrapen a los malos y yo pueda regresar y resucitar ante mi familia y amigos? —Le doy sólo una breve mirada a Gómez y regreso mi atención a Milton Bedoya, el jefe de todos—, ¿no puedo quedarme aquí?
—No, es demasiado peligroso señorita Sánchez. Esta ciudad es el patio de recreo de una de las organizaciones más y peligrosas del país, debemos enviarla a un lugar donde no llegue su alcance o al menos su dominio no sea tanto. Aquí fácilmente pueden encontrarla.
—¿Y qué ciudad sería?
—Hmm, bueno, eso sólo lo sabrán una vez que estén en camino hacia allí. Ya todo ha sido arreglado para que ambos puedan establecerse. —Saca dos carpetas grandes de un maletín de oficina y nos las entrega—. Deben abrirlas una vez estén dentro del avión.
—Espera —Dudo al recibir la carpeta, Bedoya me sonríe alentadoramente—, dijiste ambos. No entiendo.
—Gómez y usted.
—¿Qué? —chilla el susodicho—. No están diciendo lo que creo que estás diciendo.
—Sí, estoy diciendo exactamente eso. Tú y Juliana permanecerán juntos, así será más difícil que los encuentren.
—¿Más difícil? ¿Estás loco? No puedes enviarnos juntos.
Bedoya fulmina a Iván y se levanta en todo su 1,90 de estatura.
—Puedo porque soy tu puto jefe y decido lo que se debe hacer. Los Urrego estarán buscando a un hombre, soltero, con aspecto de policía y a una mujer soltera, con su descripción. A una pareja nunca. Lo primero que pensarán es que los hemos separado y enviado a lugares diferentes. Una pareja de recién casados no levantará ninguna sospecha.
—¿Casados? —chillo mirando con horros a Iván—. ¿Ese idiota y yo?, ¿juntos?
Iván gruñe, y Jiménez y los otros dos hombres ríen mientras el jefe Bedoya sonríe.
—Es una buena apuesta. Además, Gómez es un profesional… —Fija su seria mirada en Gómez y levanta una ceja—, no te traerá problemas.
—Bien, lo que sea —murmura Gómez, encogiéndose de hombros—. ¿Hay comida en el lugar al que vamos?, muero de hambre.

 ***

Yuliana Sandoval Pérez.
24 años.
Cabello marrón, corto y liso.
Estilista.
Padres separados.
No hermanos.
Casada.
No hijos.
Tipo de sangre: A  
RH: +
Intereses: Música, belleza, correr, moda, fotografía, viajes, ropa, zapatos, aventura.
Ha vivido en ciudad Esperanza toda su vida, se casó con su novio de la escuela, Adrián Giraldo, hace un par de meses y acaban de mudarse al primer apartamento que el empleo de ambos les permite. Está perdidamente enamorada de él.
Colecciona osos de peluche. Ama los osos de peluche.
Trabaja en el salón de belleza Altamira.
Ingreso promedio de 750.000 pesos mensuales.
Seguro social del gobierno. IPS: Coomsalud.
Alérgica al maní.
—¿Quién demonios es esta mujer? —gruño y sigo leyendo todo sobre mi nueva identidad, que es todo lo contrario a mí.
Es claro que van a cambiarme el color natural de mi cabello, y van a cortarlo hasta mis hombros… creo que voy a llorar por ello. He tenido el cabello largo toda mi vida y ahora debo cortarlo hasta mis hombros. Además, ¿Desde cuando me interesa la moda, la fotografía y esas cosas?
—Es quien eres de ahora en adelante. —La voz de Iván me indica que tampoco está muy feliz con su nueva identidad.
—¿Quién es Adrián Giraldo?
Un imbécil —gruñe y arroja la carpeta a un lado desparramando los papeles. La azafata que nos acompaña en el vuelo, corre hacia nosotros y lo fulmina con la mirada agachándose para recoger el desorden.
Le doy una mirada a Iván y reacciona a tiempo, impidiéndole a la azafata obtener los papeles y leerlos. Se supone que todo el personal dentro del avión es de confianza. La azafata es un agente que está encubierta en este cargo para mezclarse en no sé que mafia de las alturas. Volamos en un vuelo privado, nadie puede saber de nosotros, por lo que aterrizaremos en una pista olvidada a la madrugada y luego nos llevaran a otra ciudad donde tendremos que trabajar en nuestra nueva apariencia y luego tomaremos un auto y conduciremos a nuestro lugar; pero aún así, entre menos personas sepan nuestra nueva identidad, mejor.
—Lee tú el mío y yo leeré el tuyo. A ver si descubro quien es mi nueva y amada esposa.
Acepto, le entrego mi carpeta y él me entrega la suya. Empiezo a leer y me rio.
—Sí, búrlate Yuliana.
—Pero es… este hombre es muy diferente a ti.
Lo es —brama, mirándome de soslayo.
—Bueno, aquí dice que es un paramédico entregado a su empleo, le interesa la medicina, el fútbol y la cerveza. Adicto al gimnasio, de la ciudad de Esperanza, atento, dedicado, amoroso, cariñoso, amable y profundamente devoto de su esposa. —Me rio y él resopla logrando que ría aun más—. Ama los perros, los paseos al aire libre, los atardeceres, la playa y es alérgico a las nueces.
—Joder —gruñe y niega con la cabeza—. Soy un marica. Un completo imbécil. Esto tuvo que haberlo hecho Silvia, está vengándose de mí.
—¿Silvia? —pregunto curiosa. La sonrisa en mi boca debido a su malestar no se va.
Pasa la mano por su rostro y suspira. —Es la agente encargada de PT, salí con ella hace un año, yo sólo quería divertirme, ella quería más… no salió bien y desde entonces “soy un imbécil insensible, demasiado cobarde para comprometerse que sólo se ama a sí mismo y a su gigantesca polla.”
Parpadeo y me oigo decir antes de pensar en ello. —¿Gigantesca polla?
Los labios de Iván se parten en la primera sonrisa del día, menea sus cejas mientras me sonrojo y murmura—. Sabía que eso llamaría tu atención. Al menos tu esposo no tiene un juguete pequeño.
Levanto una ceja y murmuro entre dientes—: Tú y tu gigantesca polla pueden presentarse ante tu mano, porque aquí —Me señalo a mi misma—, entre los tres, no habrá juego.
—Se supone que amas a tu esposo y yo adoro el suelo que tu pisas, ¿el sexo debe ser pasional, vainilla o duro y sucio?
—¿Por qué estamos hablando de sexo? Hay cosas más importantes.
—El sexo es el motor de una relación.
—No, lo es el amor.
—Claro que no, puedes amar fervientemente a tu pareja pero si en la cama es un osito dormilón, no niegues que todo el castillito de algodón se esfumará cuando un verdadero semental toque a la puerta.
—¿Qué? Estás loco, el amor es lo más importante.
—El sexo lo es.
—Los hombres sólo piensan con la polla, además, ningún hombre es fiel.
—Lo somos —responde mirándome fijamente—, somos fieles a nosotros mismos y amamos el buen sexo.
—Deja de hablar de sexo.
—¿Por qué?, somos esposos, estamos más allá del toqueteo de ciertas partecitas. —Extiende su mano y la golpeo antes de que toque mi seno—. ¿Qué? Sólo quiero abrir la ventana.
—Sí, claro. No soy tonta.
—¿En serio? No puede ser, si no lo dices no me doy cuenta.
—Pendejo.
—Loca.
—Mejor cállate y estudia mi perfil.
—Bien. —Cierra la carpeta y se vuelve para mirarme—. Puedes voltearte de frente —dice y le doy una mirada—, necesito estudiar tu perfil.
—Este no —gruño y se suelta a reír, toma la carpeta y se concentra en las hojas—. Imbécil.
—Frígida.
Abro mis ojos y jadeo sorprendida. Levanto mis manos para golpearlo y siseo—: No soy frígida, estúpido.
—¿Ah no? —Sonríe y detiene mis manos antes de que logren hacer contacto con su cuerpo—. Comprueba lo contrario, ¿te gusta el sexo sucio, amoroso, pasional, duro?, ¿Abajo o arriba? ¿Tomas o das?
Gruño y me alejo de él como si quemara. Me cruzo de brazos y trato de ignorar la estúpida sonrisa en su cara.
—¿Quieres un poco de agua, esposita?, te ves algo acalorada.
—Púdrete —bramo y le saco el dedo medio. Decido, después de escucharlo carcajearse a mi costa, ignorarlo el resto del camino.
Y esto, es apenas el comienzo.



4 comentarios:

  1. jajajajaj esta pareja nos dara mucha comedia y romanticismo jajajaj esta buenisima la historia ya empiezo a querer a Juliana jajaja

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  2. Como nos vamos a reír con este par de dos. Me encantó Maleja!!

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